Entendiendo la pandemia

Los contenidos de esta historia se pensaron para ser útiles aún a pesar del paso del tiempo. Sin perjuicio de ello, la última revisión del contenido y actualización de los datos de esta historia fue el 1/12/2020.

¿Cómo sabemos si el plasma funciona para tratar pacientes con COVID-19?

El plasma de personas que se recuperaron del COVID-19 se ha utilizado en nuestro país y en el mundo como posible tratamiento en otras personas que están cursando la enfermedad. ¿Qué sabemos de su eficacia hasta ahora?
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¿Qué es y cómo se obtiene el plasma?

Nuestra sangre está formada por células y plasma. El plasma se compone de agua, sales, anticuerpos y proteínas.

Para extraer plasma, se realiza un procedimiento similar al de extracción de sangre pero sin extraer los glóbulos rojos (aféresis) y se obtienen de cada donante entre 400 y 800 ml. La aféresis es un procedimiento relativamente simple pero solo se hace en centros especializados.

Al exponernos a cualquier virus o bacteria, nuestro sistema inmune fabrica anticuerpos de defensa (“neutralizantes”) que van a quedar en nuestro plasma y que pueden ser medidos en una extracción de sangre. Es así como en el plasma de alguien que se recuperó de COVID- 19 podremos encontrar anticuerpos protectores contra esta enfermedad. Es lo que llamamos “plasma de convaleciente”.

¿Para qué se usa?

Al vacunar a alguien, el sistema inmune de esa persona genera anticuerpos protectores (se le llama inmunización activa dado que en el receptor debe participar el sistema inmune activamente fabricando los anticuerpos). En cambio, al transfundir plasma de convaleciente a alguien, los anticuerpos recibidos del donante actúan directamente sobre la infección viral en curso (se le llama inmunización pasiva dado que no hay fabricación de anticuerpos por el sistema inmune del receptor).

Desde hace muchísimos años se usa el plasma de pacientes recuperados, por ejemplo, en la epidemia de la influenza de 1918, en brotes de Ébola, SARS, MERS, el virus Junín, entre otros.

Plasma en COVID-19

¿Qué sabemos hasta ahora del plasma de convalecientes en el tratamiento de pacientes con COVID-19?

Por sus usos previos en otras enfermedades, se conoce que transfundir el plasma de una persona a otra no es un procedimiento peligroso. Pero en la medicina no basta con saber que un tratamiento no es peligroso, luego se debe demostrar que es útil o “eficaz” para tratar esa enfermedad.

Cuando empezó la pandemia por COVID-19 se comenzó a pensar en el plasma como una posible estrategia de tratamiento. Pero como todo tratamiento, tiene un costo y riesgo, actualmente el Ministerio de Salud de la Nación recomienda que se lo administre solamente en un contexto de investigación, es decir no como un tratamiento ya probado sino como parte de un estudio en desarrollo. Analicemos cómo podría diseñarse un estudio de investigación para averiguar si el plasma es eficaz en pacientes con COVID-19.

Para realizar este estudio de investigación no podemos tomar a todos los pacientes con COVID-19 dada la enorme cantidad de personas que esto representaría.

Seleccionamos entonces un grupo de personas que representen al resto de los pacientes (es lo que llamamos “muestra”).

Para seleccionar a estas personas se pueden definir algunos parámetros médicos, como por ejemplo, elegir para el estudio sólo a pacientes con enfermedad grave por COVID-19. Esto dejaría afuera a todos aquellos con síntomas leves. Estos parámetros son conocidos como criterios de inclusión.

También podríamos elegir sacar del estudio a aquellos que vivan en ciudades sin centros de hemoterapia, o a aquellos que tengan cáncer avanzado o diabetes (estos son criterios de exclusión para conformar la muestra).

Una vez que tenemos el grupo de personas con COVID-19, necesitamos saber si usar plasma es mejor que no usarlo. Para esto a la mitad de los seleccionados le administraremos plasma de convalecientes y a la otra mitad le administraremos placebo (agua con minerales) al azar.

Para que los resultados sean válidos, ni las personas tratadas ni los médicos que las siguen deberían saber si les tocó recibir plasma o placebo.

Luego se mide la evolución de los pacientes: cuántos días pasan internados, cuántos necesitan asistencia respiratoria mecánica (ARM), cuántos fallecen, etc.

¿Qué escenarios podríamos encontrar al finalizar el estudio?

Sabiendo que mayormente el plasma no tiene efectos adversos, pero sí tiene costos, al finalizar nuestro estudio podríamos encontrar los siguientes escenarios:

Escenario 1
Al grupo que recibió plasma le fue igual que al grupo que recibió placebo.

Significa que el plasma transfundido, en promedio, no tiene efectos distintos a los del agua con minerales del placebo. No sería aconsejable administrarlo, además se ahorrarían los costos y los riesgos de continuar adelante con este tratamiento sin eficacia demostrada.

Escenario 2
Al grupo que recibió plasma le fue mejor que al que recibió placebo.

Si observamos que todos/algunos de los parámetros son en promedio mejores en el grupo que recibió plasma podemos concluir que dar plasma es mejor que dar placebo (el plasma tiene mayor eficacia) y sería recomendable seguir administrándolo.

La pandemia por COVID-19 nos obligó a iniciar rápidamente estudios de investigación de tratamientos y vacunas. El tratamiento con plasma de convalecientes, aunque seguro y eficaz en otras enfermedades, no había sido probado frente a esta nueva enfermedad y por esto hubo que hacer estudios de investigación para determinarlo.

Aún con algunos estudios que muestren que el plasma no tiene efectos beneficiosos en el tratamiento de personas con COVID-19, ¿quiere decir que en ninguna circunstancia es útil? No, lo que sí nos dice es que para el tipo de pacientes representados en el estudio (pacientes graves, por ejemplo) no es efectivo. ¿Podría ser efectivo para otros tipos de pacientes? (pacientes leves, o pacientes graves de un rango de edad específico, o aquellos que se eligió excluir del estudio). Y de igual manera, si un estudio mostrase que el plasma es beneficioso en cierto grupo, ¿esto significa que va a tener eficacia en todos los pacientes? Tampoco. Para saber eso, necesitaríamos hacer nuevos estudios, con nuevos criterios de inclusión y/o exclusión, e incluso podríamos elegir otras variables para medir la eficacia.

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