Entendiendo la pandemia

¿Podemos lograr la inmunidad de rebaño sin vacuna?

Una estrategia para frenar algunas enfermedades es inmunizar a una parte de la población y, de esta manera, prevenir que las personas con factores de riesgo contraigan la enfermedad. Frente al COVID-19, ¿sería una buena estrategia alcanzar esta inmunidad sin una vacuna? Al parecer no. Veamos por qué.
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Supongamos una población imaginaria “A” donde ingresa un virus nuevo. Cada vez que el virus se encuentra con una persona la puede infectar.

Esto ocurre porque nadie en esa población tiene protección o “inmunidad” para impedirlo. El virus se propaga rápidamente y probablemente tenga peores consecuencias en personas con factores de riesgo (por otras enfermedades crónicas, por ejemplo).

Ahora imaginemos otra población “B” donde también hay un virus pero no es nuevo, ya tiene una vacuna efectiva, y la mayoría de las personas están vacunadas.

La propagación de este virus es más dificultosa porque hay menos chances de que encuentre personas no protegidas por la vacuna.

Al hecho de que la circulación del virus se interrumpe lo llamamos "inmunidad de rebaño" o inmunidad colectiva.

El porcentaje mínimo de personas inmunizadas para lograr esto es distinto para cada enfermedad. En el caso del sarampión, por ejemplo, es de aproximadamente el 95% de la población.

Gracias a esa inmunidad colectiva, un virus podría desaparecer como ocurrió con la viruela.

Por otro lado, si por alguna razón la población que tenía inmunidad de rebaño pierde esa protección, un virus puede volver a producir importantes brotes.

Casos confirmados acumulados Tiempo Sin medidas dede aislamiento Con medidasde aislamiento Fallecidos % de inmunidad requerida (40%) Aprobaciónvacuna Casos confirmados acumulados Tiempo Sin medidasde aislamiento Con medidasde aislamiento Fallecimientos Porcentaje de inmunidad requeridaEscenario: 40% de la población Aprobaciónvacuna

En el caso de COVID-19 todavía no tenemos vacunas y, por lo tanto, no podemos aspirar en el corto plazo a la inmunidad de rebaño a través de la vacunación.

Y tampoco es factible lograr inmunidad de rebaño por contagio natural. ¿Por qué no?

En pocas palabras, no es factible por dos motivos: no se puede realizar en el corto plazo (antes de la aprobación de la vacuna), y conllevaría muchísimas muertes. Profundicemos.

Para estimar el porcentaje de la población que debería ser inmune hay que tener en cuenta, entre varias otras cosas, características propias de la población y el número reproductivo básico del virus o R0.

Es un número difícil de saber con certeza. Las estimaciones más confiables calculan que entre el 40% y el 70% de población debería estar inmunizada contra el virus de COVID-19 para lograr la inmunidad colectiva.

En Argentina, el 40% de la población contagiada significaría que unas 18 millones de personas se enfermen.

Esto supondría, además, llegar a ese 40% de forma rápida y mucho antes de la aprobación de una vacuna, lo que solo sería probable que suceda sin ninguna medida de prevención.

Más allá del tiempo, avanzar con esa estrategia implicaría que de los 18 millones de personas contagiadas, al menos 70.000 fallecieran solo por esta causa.

Como referencia, en 2018 murieron casi 32.000 personas por todas las enfermedades respiratorias.

Además de lo anterior, el potencial colapso del sistema de salud seguramente generaría que mueran aún más personas.

Para evitar este colapso, deberíamos hacer que la curva de casos crezca más lentamente.

En este escenario, probablemente la aprobación de la primera vacuna contra COVID-19 estaría lista antes de lograr esa supuesta inmunidad colectiva natural. La diferencia entre ambos escenarios es que sin medidas de prevención tendríamos muchas más muertes.

Si bien los números presentados más arriba dependen de varios supuestos, la inmunidad de rebaño por contagio natural no es factible de lograr en un plazo razonable y además, para lograrla, fallecerían muchas personas. Además, asumir una estrategia en la que muchísimas personas deben contagiarse y morir en un tiempo corto supone un riesgo para el sistema sanitario y para la salud de cada individuo.

Con la ausencia aún de una vacuna efectiva, la mejor manera como población para combatir la pandemia de COVID-19 sigue siendo respetar las normas de distanciamiento social y de higiene.

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