Entendiendo la pandemia

Vacuna matata, nada que temer

Cuando comenzó la pandemia por COVID-19 se inició rápidamente una carrera contrarreloj para encontrar una vacuna. Pero se logró desarrollar no una sino varias candidatas. En esta nota hablaremos en detalle sobre estas vacunas: ¿cómo funcionan? ¿cuáles son las diferencias entre cada una?

Enfermedades infecciosas y gérmenes

Las enfermedades infecciosas son aquellas enfermedades causadas por gérmenes (una palabra para indicar genéricamente a los microorganismos que causan enfermedades) que pueden ser virus, bacterias, hongos o parásitos. Hay gérmenes en todos lados: en el aire que respiramos, las cosas que comemos o tocamos, en nuestra piel, etc.

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A lo largo de la historia y a medida que la población mundial fue creciendo, algunos de estos gérmenes (los que se transmitían rápidamente de una persona a otra en muchos países del mundo) provocaron distintas epidemias y pandemias. Fue durante una epidemia de viruela en 1796 que el médico Edward Jenner inventó la primera vacuna. Gracias a esto en 1980 se declaró erradicada la enfermedad. Desde entonces las vacunas nos han protegido de diversas enfermedades y se convirtieron en uno de los descubrimientos científicos más importantes de nuestro tiempo.

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En este gráfico se observa cómo se erradicaron enfermedades como la poliomielitis y el sarampión a partir de las vacunas.
Fuente: https://ourworldindata.org/microbes-battle-science-vaccines

El coronavirus ya existía hace años, pero en diciembre de 2019 se encontró una nueva cepa en Wuhan, China. Poco tiempo después, el 11 de marzo de 2020, la OMS declaró la pandemia por COVID-19. En ese momento empezaron a investigarse en todo el mundo distintas formas de fabricar una vacuna contra esta enfermedad.

¿Cómo trabaja nuestro sistema inmune?

Para entender cómo funciona una vacuna, primero vamos a ver cómo trabaja nuestro sistema inmune. Cuando nos enfrentamos a un germen, nuestro sistema inmune trabaja atacándolo y destruyéndolo. De esta forma nos protege de las enfermedades infecciosas. Para que el sistema inmune ataque al germen, primero debe ”reconocerlo”, es decir que una parte de este microorganismo (llamada antígeno) debe ser detectada por los anticuerpos de nuestro sistema inmune. Los anticuerpos son proteínas que se encargan justamente de reconocer e inactivar los gérmenes que entran a nuestro cuerpo. Y para generar anticuerpos contamos con un tipo de glóbulos blancos: los linfocitos B.

Para fabricar anticuerpos, los linfocitos B necesitan estar en contacto con el antígeno del germen ya que es ahí en ese contacto donde obtienen el “molde” para fabricar los anticuerpos neutralizantes (que desactivarán a cada germen en cuestión). Esto explica por qué, cuando nos enfrentamos a un germen ya conocido por nuestro sistema inmune, los linfocitos ya tienen el molde preparado y además hay anticuerpos circulando que pueden actuar rápidamente para eliminar la infección: somos inmunes a ese germen.

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¿Cómo trabajan las vacunas?

Tal como dijimos antes, una de las formas más efectivas que tiene nuestro organismo de defenderse, es fabricando anticuerpos a medida que va tomando contacto con distintos gérmenes a lo largo de nuestra vida.

¿Qué pasa si, por el contrario, ingresa a nuestro organismo un germen NO conocido? Es decir, ¿Qué pasa si ingresa un germen al que nos enfrentamos por primera vez? En este caso, no tenemos anticuerpos que reconozcan al germen para poder inactivarlo. La respuesta del sistema inmune será mucho más lenta (tiene que fabricar los anticuerpos y ese es un proceso que tarda varios días) y mientras tanto, esa persona es vulnerable a la enfermedad y el germen puede causar graves problemas a esa persona.

Si quisiéramos obtener una respuesta rápida contra las infecciones nuevas tendríamos que “preparar” al sistema inmune para que pueda reconocer a ese germen inmediatamente. Es eso lo que hacen las vacunas. Proporcionan inmunidad o “protección” para enfermedades específicas de manera tal que, si el germen llega al organismo, el sistema inmunitario ya está preparado para responder de manera rápida y eficaz.

¿Y qué ocurre con las personas que no deberían recibir una vacuna?

Algunas personas no pueden recibir ciertas vacunas por motivos de salud, como por ejemplo los recién nacidos hasta los 6 meses, los que tienen comprometido el funcionamiento de su sistema inmune, las embarazadas. Pero las vacunas, así como protegen a las personas que se las colocan, también tienen otra función muy importante: protegen indirectamente a las personas que no deberían vacunarse. ¿Cómo hacen esto? Cuando en una cierta población hay muchas personas vacunadas, el germen deja de propagarse porque las personas vacunadas funcionan como una barrera y no encuentra individuos que pueda infectar. Esto es lo que denominamos “inmunidad de rebaño” y para alcanzarla, necesitamos que la gran mayoría de la población esté vacunada. Más información sobre la inmunidad de rebaño en [esta historia] (https://decodificar.org/covid/inmunidad_de_rebano/).

Tipos de vacunas

Todas las vacunas tienen como objetivo exponer el cuerpo a un antígeno que en sí mismo no cause la enfermedad, pero que provoque una respuesta inmunitaria capaz de proteger a una persona que se infecta con ese germen. También puede ser que contengan las instrucciones para que nuestras células fabriquen ese antígeno. Según sus componentes y cómo se logre esta estimulación del sistema inmune, las vacunas se clasifican en:

Vacunas de virus vivos atenuados: contienen el virus en una forma debilitada o “atenuada” de forma tal que no pueda producir la enfermedad. Producen una respuesta inmunitaria fuerte que dura mucho tiempo ya que son similares a la infección natural. Ejemplos de estas vacunas: Sarampión, Paperas, Rubéola, Varicela, Fiebre amarilla.

Vacunas de virus inactivados (muertos): contienen el virus pero en su forma muerta. La inmunidad que generan es algo menor a la de virus atenuados y por eso se requieren varias dosis de refuerzo para lograr la protección. Ejemplos: Poliomielitis, Hepatitis A, Rabia, Gripe.

Vacunas de toxoide (toxina inactiva): contienen la toxina producida por ciertas bacterias para que sea reconocida por el sistema inmune y de esta forma se crea inmunidad contra la toxina (y no contra el germen). Pueden requerir dosis de refuerzo. Ejemplos: Difteria, Tétanos.

Vacunas subunitaria/conjugada, recombinante, polisacárida: contienen una parte específica del germen que es clave para generar una respuesta inmune muy fuerte, como por ejemplo un pedazo de la membrana exterior de la bacteria que produce una enfermedad. Estas partes no son infecciosas porque carecen de material genético y no pueden replicarse en el organismo. Ejemplos: Hepatitis B, influenza, Tos ferina, Neumocócica, Meningocócica.
Vacunas de ARN o de ADN: Es un nuevo tipo de vacuna que, en lugar de introducir un germen inactivado o una parte de él, contiene las instrucciones para que nuestras propias células fabriquen el antígeno y luego se desencadene la respuesta inmune. No hay replicación viral y por lo tanto no hay posibilidad de producir la enfermedad. Aún no hay vacunas conocidas que utilicen esta tecnología, pero hay varias vacunas de este tipo en estudio para el COVID-19.
Vacunas de vector viral: Se utiliza un virus genéticamente modificado para que no produzca la enfermedad (adenovirus, sarampión). Este virus hace de vehículo para introducir proteínas que generan una respuesta inmunitaria contra otro virus que son los que se quieren prevenir. Ejemplos: Ébola.

Vacunas para COVID-19

Todas las vacunas tienen como objetivo exponer el cuerpo a un antígeno que en sí mismo no cause la enfermedad, pero que provoque una respuesta inmunitaria capaz de proteger a una persona que se infecta con ese germen. Se están probando varios tipos de enfoques en el desarrollo de vacunas contra el coronavirus y en esta tabla te mostramos las características de las vacunas que lograron llegar primero a etapas avanzadas de investigación. Para saber más sobre las fases que intervienen en el desarrollo de una vacuna entrá a esta historia.

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Para seguir pensando

Si bien las vacunas se encuentran hoy en las últimas fases de investigación con estudios clínicos controlados aleatorizados a gran escala, ya hay mucha evidencia de que resultan seguras y de que vacunarnos es la mejor opción para hacer frente a esta pandemia. De a poco los estudios van a ir comunicando los resultados finales pero, en un contexto de pandemia, resulta muy riesgoso esperar a ese momento para empezar la vacunación. El esfuerzo de los distintos países y científicos de todo el mundo para lograr un rápido desarrollo, fabricación y provisión de una vacuna son la gran apuesta del 2021. Pero no es una apuesta infundada, sino que se basa en los estudios clínicos que se están desarrollando, en los conocimientos que tenemos de otros virus muy similares y lo que sabemos sobre cómo funcionan la mayoría de los tipos de vacunas. Lejos estamos del (bajo) nivel de conocimiento que teníamos cuando la exitosa vacuna contra la viruela, una de las primeras, fue presentada en el siglo XVIII. Para ilustrar ese nivel de conocimiento y los temores que provocaba, mirá esta caricatura de la época:

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«The Cow-Pock — or — the Wonderful Effects of the New Inoculation!» (1802, “La Vac-una, o los Maravillosos Efectos de la Nueva Inyección”). En esta caricatura, James Gillray (humorista satírico británico) dibujó una escena de hospital mostrando vacas que salían de diferentes partes del cuerpo de las personas vacunadas. Los opositores a la vacuna habían descrito casos falsos de vacunados que supuestamente desarrollaban características bovinas y esto es recogido y exagerado por Gillray.

FUENTES:

[1] ¿Cómo funcionan las vacunas? OMS: https://www.who.int/es/news-room/feature-stories/detail/how-do-vaccines-work

[2] Vacunas para SARS-CoV-2, diferentes estrategias de los desarrollos en curso. Hospital Italiano: https://www1.hospitalitaliano.org.ar/multimedia/archivos/noticias_attachs/47/documentos/111442_63-75-HI13-9-20-Sterin-C.pdf

[3] National Geografic: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/vacuna-mayor-conquista-medicina_7914/2